Historia de Sudáfrica contada con 1500 palabras

sudafrica apartheid

El poblamiento más antiguo de Sudáfrica estuvo constituido por las poblaciones de lengua khoisan (kboi-khoi, hotentotes, y san, bosquimanes), actualmente casi desaparecidas. Los bantúes («los hombres» en su idioma), procedentes del centro de África, habían llegado ya en el siglo XII hasta la región comprendida entre los ríos Kei y Fish. Vivían con relativa prosperidad, sobre todo después de la introducción del maíz en la región por los portugueses. Estos llegaron al cabo de Buena Esperanza a finales del siglo XV, pero no instalaron ningún asentamiento permanente en el país.

En 1652, el holandés Jan van Riebeeck llegó a la zona de El Cabo con el objetivo de establecer una base de aprovisionamiento para la Compañía Holandesa de las Indias Orientales, cuyos navios se abastecían de agua, verduras y carne. Así nació Ciudad de El Cabo.

Cinco años más tarde la Compañía permitió la actividad agraria privada, dando origen a los free burghers, que más tarde serían conocidos como boersicampesinos). Estos fueron expandiéndose hacia el interior, eliminando a los nativos o convirtiéndolos en esclavos, y asumiendo la propia forma de vida hotentote, la ganadería extensiva seminómada. Por el este, toparon con los bantúes, estableciéndose una inestable frontera a lo largo del Great Fish Ri- ver y dando comienzo a las llamadas guerras cafres (cafre = xhosa), la primera de las cuales se produjo en 1779-80.

En 1806, durante las guerras napoleónicas, los británicos se instalaron y ocuparon El Cabo, donde habitaba una población bóer de 26 000 personas. Las medidas antiesclavistas tomadas por la nueva administración provocaron el rechazo de la comunidad de origen holandés, que inició el movimiento migratorio conocido como Great Trek (1835-52), huyendo de los territorios sometidos a la autoridad británica, que alcanzaba ya hasta el río Orange.

Los granjeros bóeres impedían la expansión de los nativos ngunis hacia el sudoeste, los cuales se volvieron hacia el norte, dando origen a la época de los disturbios. Un pequeño grupo étnico nguni, ios zulúes, dirigidos por el gran guerrero Shaka, formaron un estado centralizado, con un poderoso ejército, que consiguió dominar, a comienzos del siglo XIX, casi todo el territorio de la actual provincia de Natal.

En la tercera década del siglo XIX, varios clanes ngunis, rivales de Shaka, migraron hacia el norte empujando a otros pueblos: parte de los sothos se refugiaron en las agrestes montañas de los Drakensberg, donde crearon el reino de Lesotho, mientras que otros empujaron a los tswanas hacia el oeste; los nguanes, convertidos en swazís, huyeron hacia el norte y crearon el reino de Swazilandia.

Los voortrekkers (emigrantes) blancos, dirigidos por And ríes Pretorios, se beneficiaron de la desorganización y la inestabilidad en que estaba inmerso el conjunto bantú para imponerse militarmente, gracias a la superioridad de sus armas de fuego. Derrotaron a los nde- beles en Marico (1837), obligándoles a huir al norte del Limpopo, y a los zulúes de Dingane, sucesor de Shaka, en Bloodriver (1838). Fundaron la República de Natal, de efímera duración, pues fue anexionada por los británicos en 1843 y transformada en colonia de la Corona en 1856.

iMás suerte tuvieron los estados bóeres del interior, la República del Transvaal y el Estado Libre de Orange, cuya independencia fue reconocida por el gobierno británico en 1852 y 1854, respectivamente.

Guerra Anglo-Bóer y dominación inglesa

El descubrimiento de depósitos diamantíferos en la confluencia del Vaal y el Orange (1868) y ricos yacimientos de oro en el Rand (1886) transformó la situación: el Estado Libre de Oran- ge fue desposeído de la región diamantífera de Griqualand occidental (1871), incorporada a la colonia de El Cabo, y la República del Trans- vaal fue anexionada en 1877 por el Imperio británico. No obstante, la victoria bóer de Majuba Hill sobre los ingleses (1881) le devolvió la independencia, aunque tuvo que ceder la política exterior a los británicos.

Estos aparecían ya como los auténticos dueños del África meridional, después de derrotar definitivamente a xhosas (1877-78) y zulúes (1879) y establecer protectorados sobres sothos del sur (Basutolandia, actual Lesotho), swazis (Swazilandia) y tswanas (Bechuanaíandia, actual Botswana), enlazando con los territorios que más tarde se convertirían en Rhodesia (actual Zímbabwe).

Las riquezas mineras de las repúblicas bóe- xes atrajeron la ambición británica, especialmente de s/t'Cecil Rhodes, director de la Bri- itish South Africa Chartered Company y primer
ministro de la colonia de El Cabo entre 1890 y 1896. Desde este puesto presionó en pro de la anexión de Orange y Transvaal, pero chocó con la firme oposición de Paul Kruger, presidente de la República Sudafricana, nombre que recibía para entonces el estado afrikaner úe\ Transvaal,

La persistencia de las presiones británicas forzó el estallido bélico en 1899, entre Inglaterra y las repúblicas bóeres, que perdieron su independencia tras la derrota y el tratado de paz de Vereeniging (1902).

La Unión Sudafricana

La victoria militar británica no implicó la derrota política de los afrikcnwrs, que recibieron una amplia autonomía en la nueva estructura estatal, de corte federal, y lograron imponer sus criterios de segregación racial en todo el territorio de la nueva Unión Sudafricana, constituida en 1910.

Durante la I Guerra Mundial (1914-18), Sud- áfrica luchó contra Alemania, a la que terminaría arrebatando su colonia de África del Sudoeste (actual Namibia), que recibió al acabar la contienda como mandato de la Sociedad de Naciones.

El apartheid

En 1948 ganó las elecciones y se convirtió en primer ministro Daniel Malan, del Partido Nacional (NP). Este grupo, en el poder desde entonces, llevó a cabo la profundización del racismo institucional, promulgando numerosas leyes segregacionistas, que se extendieron también a los asiáticos de Natal, privados del derecho al voto en 1948, y a los mulatos de El Cabo, eliminados de las listas electorales en 1956. Era la política del desarrollo separado, eufemismo segregacionista que ha pasado a tocias las lenguas bajo su acrónimo afrikaans, apartheid.

Como respuesta, el ANC (Congreso Nacional Africano), fundado en 1912, incrementó su actividad opositora, provocando la desmedida acción represiva del gobierno: matanza de Shar- pevílle, en 1960 (69 muertos). La reacción internacional de condena y el rechazo a la política racista en el seno de la Commonweaith movieron a los dirigentes sudafricanos a huir hacia delante: bajo la administración de Ver- woerd, artífice del apartheid como ministro de Asuntos Nativos hasta 1958, el estado se transformó en República y abandonó la Commonweaith (1961). Las organizaciones opositoras fueron prohibidas y sus líderes, como Nelson Mandola, detenidos en 1962.

En 1966, asesinado Verwoerd por un extremista blanco, fue sustituido por el continuista Vorster, por lo que se mantuvo la conflictivi- dacl. En 1976, la protesta de los escolares de So- weto contra la imposición del afrikaans en la enseñanza, ahogada en sangre, se convirtió en una revuelta generalizada de tres meses en la que perdieron la vida unos 600 negros.

Botha, que sucedió a Vorster como primer ministro en 1978, introdujo algunas reformas, como la concesión de ciertos derechos políticos a mulatos e indios, lo que provocó una escisión derechista en el partido gobernante, surgiendo el Partido Conservador.

Las tímidas reformas emprendidas con la Constitución de 1984 fueron contrarrestadas por nuevas revueltas, estimuladas por la solidaridad internacional y el establecimiento de sanciones económicas contra el régimen de Pretoria, que respondió con el incremento de la represión: declaración del estado de emergencia, en junio de 1986.

En 1989, una congestión cerebral del presidente Botha permitió a Frederik W. De Klerk
acceder a la jefatura suprema y ahondar el proceso de reformas, destinadas a desmantelar el apartheid. En febrero de 1990, el gobierno liberaba al dirigente del ANC Nelson Mándela, legalizaba varias organizaciones prohibidas, como el ANC y el Partido Comunista Sudafricano, y, poco después, levantaba el estado de emergencia y abolía la ley de segregación en los lugares públicos. En 1991, por fin, el Parlamento derogaba las tres leyes básicas del sistema segregacionista (véase el recuadro siguiente).

No obstante, estos avances espectaculares se han visto ensombrecidos por la intensificación de los enfrentamientos, con miles de muertos, entre los partidarios del movimiento conservador zulú Inkatha y los próximos al ANC; ambos grupos se disputan el control y la hegemonía política de la mayoría negra.

En diciembre de 1991 se reunió una Convención para una Sudáfrica Democrática (CO- DESA), en la que dirigentes de todos los grupos étnicos comenzaron a negociar una nueva Constitución para el país, sobre bases ya plenamente democráticas y con derecho de voto para todos sus habitantes. En marzo de 1992, en un referéndum todavía solo para blancos, este electorado aprobó (por un 68,7 %) la prosecución de la política de reformas encaminada a una Constitución de acuerdo con los mencionados principios. En adelante, el camino emprendido por De Klerk quedaba despejado de obstáculos legales.

Pero la continuación e incluso intensificación de la violencia intertribal llevó al ANC a suspender su participación en CODESA en junio de 1992.

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